¿Te lo has planteado alguna vez?

Yo no solía permitírmelo, y lo llamaba (llamo) “sentirme productiva”. Sí… esa sensación de ir tachando tareas mentalmente, mientras vas dándote esa palmadita imaginaria en la espalda por lo bien que lo has hecho…¿os suena?

La mayoría de personas usan agendas electrónicas, la agenda del móvil, el Google Calendar...yo sigo usando agenda de papel (además de las citadas)…por el simple placer de tachar o añadir un “visto” a mis tareas realizadas (como los que te ponían los profes en el cole a los deberes bien hechos)…pues realizadas ellas…realizada yo.

Ahora soy consciente de que esa sensación de productividad, muchas veces, esconde mi imposibilidad de PARAR.

Sí…¿cuándo fue la última vez que paraste?, ¿cuándo fue la última vez que te permitiste no hacer NADA? Yo me digo a mí misma que paro, cuando me estiro en el sofá a ver una serie o “intento” leer un libro…pero sinceramente, eso de no hacer NADA, hace años que no sucede en mi vida. Pues aunque me estire a descansar, sigo pensando en las tareas que tengo pendientes…programando mi agenda mentalmente para cuando decida volver a activarme…y eso, NO es no hacer nada.

Y es que, no llevo bien eso de no sentirme productiva. Aprendí, desde pequeñita, que pararse era de vag@s. Y creía que, para que mis padres y mis profesores me quisieran…tenía que ser así. El disfrute sólo debía darse después de la tarea…¿extraño, verdad?…con lo fácil que hubiera sido aprender que también podía darse DURANTE y no sólo después de ésta.

Lo curioso de todo ello, es que lo convertí en mi mecanismo de defensa preferido. Si estoy en la tarea, me desconecto de mí misma, no me doy tiempo a parar y observarme, por lo que aquello que me duele…no tiene lugar.

Hasta aquí podríamos verle el lado positivo, el humano instinto de supervivencia. Lo menos bueno llega cuando te das cuenta de que, si la tarea me ayuda a inhibir el dolor…también me imposibilita sentir el placer…no me permito disfrutar del momento, porque cuando llega el momento, ya estoy pensando en lo que haré después…en lo pendiente…en lo atrasado.

E inevitablemente, me recuerda lo poco productiva que estoy siendo…y la culpa me acecha…porque no ser productiv@ es de vag@s.

Gracias a la terapia…HOY (de vez en cuando), ya puedo permitirme parar más a menudo. He ido soltando creencias heredadas, que no eran mías…y trabajo en volver a experimentar la espontaneidad y el disfrute de ESTAR, sin más…permitiéndome vivir el presente, disfrutando del aquí y el ahora, sin expectativas, y por ende, sin frustraciones.

Al romper con mi rutina de acción, me descubro más libre y auténtica. Es cierto que, por el momento, no es un estado que pueda mantener durante mucho espacio de tiempo…y soy feliz de poder alargarlo cada día más. Recuperar el placer por lo sencillo, me libera de ansiedad y estrés…en el aquí y el ahora, me permito observar la belleza de las cosas y la grandeza de los pequeños momentos, que me llenan de vida.

Sigo tachando mis tareas a boli, disfrutando sintiéndome productiva…y me permito parar…a veces con mi miedo a sentir de la mano…

Otras veces, uso, conscientemente, la tarea cómo desconexión…porque lo necesito, porque me da un muelle para respirar…porque el miedo es tan atroz, que decido, a propósito, no mirarle a los ojos y desear que haya desaparecido cuando vuelva a mirar.

¿Dónde está la diferencia?

AHORA lo hago desde mi propia creencia…con predisposición y alevosía…por propia elección. Si soy yo la que elijo, acepto mi responsabilidad y las consecuencias…y desde ahí…sigo trabajando en ello 🙂

¿Y tú?, ¿Te permites parar a NO hacer NADA?, ¿O usas la tarea cómo escudo?, ¿Qué te sucede cuando paras?

¿Quieres aprender herramientas y recursos para renovar y re-aprender creencias? No te pierdas el próximo post y nuestro taller en Samsara el próximo sábado 10 de Marzo sobre los Introyectos.