¿Os ha pasado alguna vez el compraros un pantalón que no era de vuestra talla? ¿a veces por equivocación y muchas otras porque teníais la esperanza de que algún día os sentase como un guante?

Es una actitud que podemos extrapolar a otras situaciones vitales…como el adaptarnos a lo que no nos hace feliz, por miedo a lo desconocido, por miedo al cambio, por miedo a que no vaya a ser mejor que lo que ya tenemos, por miedo a ser nosotros mismos…por miedo a no encajar o no ser aceptados…por MIEDO. Sobrevivir donde no encajamos…y todo por miedo a vivir.

Una vida que nos aprieta, que nos agobia, que no nos deja ser libres…igual que esos pantalones que no son de nuestra talla.

La conformidad, la mayoría de las veces, nos priva de poder permitirnos ser libres, dueños de nuestro destino. La felicidad no duele, tal vez asuste si no estás acostumbrad@ a ella (porque a veces es más fácil vivir en la queja y así no hacernos responsables de nuestras decisiones…como si no tuviéramos otra opción), pero soy de la opinión de que, si duele, felicidad no es.

Siempre he creído que la felicidad como tal, no existe. La entiendo más como un estado de ánimo. No etiquetarla como una panacea, la pone al alcance de mis manos, dejándome a mí, la responsabilidad de acogerla o no. Tener una actitud positiva hacia la felicidad, no me impide tener momentos tristes, dolorosos o simplemente triviales…la existencia de la tristeza, le da sentido a su polaridad, la alegría. Por lo tanto, vivo bajo el pensamiento positivo, pero no renuncio ni escondo lo negativo.

Conozco a muchas personas que viven ocupando su tiempo lo máximo posible para no conectar con lo negativo, evitando contactar con sus emociones…pasando “por encima de la vida”, en vez de vivirla. Poniendo parches a las heridas en vez de sanarlas, utilizando la desconexión como el que toma un antiinflamatorio para el dolor de cabeza. Y lo respeto, porque es igual de lícito vivir así, que conectado con uno mismo…la diferencia sólo la pones tu. Eso sí, no pierdo las ganas de invitarles a pasarse a ver también “el lado oscuro” de las cosas, pues en todos los lados se aprende, y siempre he sido partidaria de escuchar las dos versiones de una misma historia.

A pesar de todas las creencias, la mayoría de nosotros nos adaptamos por obligación a nuestras rutinas, a lo cotidiano, aún sabiendo que son cosas que no nos aportan felicidad…sencillamente porque nos ofrecen seguridad.

Nuestro corazón es el más atrevido de nuestros órganos, nos invita a salir de donde estamos seguros para regalarnos sensaciones, invitándonos a vivir cosas nuevas sólo con la fuerza del amor y la emoción. Sin embargo, es nuestro cerebro quién suele dominar la mayor parte de nuestro tiempo…y a éste no le va mucho eso de lanzarse y salir de su zona de confort. No le gustan los cambios, ni los riesgos…acostumbra a sentirse más cómodo en la adaptación, pues cree que así garantiza nuestra supervivencia.

Mantenemos vínculos afectivos con una persona durante más tiempo del necesario, sin que se trate de un amor real, sin complicidad, ni felicidad, sólo para huir de la soledad…capaz de adaptarnos “a un corazón que no va con el nuestro”. Yo misma he trabajado en multitud de cosas, durante años, que no tenían nada que ver con mi formación, sólo porque no corría el riesgo de hacerlo mal, por comodidad y de nuevo por MIEDO…miedo a no tener la suficiente fuerza como para que me bastase sólo con mi reconocimiento. Años esperando una palmadita en la espalda que nunca llega…con lo fácil que es tocarse el omoplato 🙂

¿Renuncias para subsistir, o renuncias por miedo a vivir? Esa sería una buena pregunta.

Lo que tengo claro es que, para sentirte feliz, tienes que tomar decisiones; que tu cerebro puede ser dominante, pero no deja de formar parte de un todo, . Que emocional y físicamente, estás preparado para hacer frente a situaciones difíciles o que escapan de tu control. Que por mucho que creas saber acerca de algo, la vida siempre te sorprende; y que cabe la posibilidad de que puedas aprender más de la experiencia que de los libros o de internet, cuando se trata de ti.

 

Si eres de l@s mí@s, yo te invito a comprarte un pantalón de tu talla…sienta genial 😉

 

Sal a la calle, aparca el móvil en casa, comunícate de frente…recuerda que el amor no duele (lo de quién bien te quiere, te hará llorar…forma parte de la época patriarcal en vía de extinción), que el trabajo que te hace bajar la cabeza te quema, que rodearte de personas que te hacen sentir bien, te hace bien. Atrévete a tomar una actitud positiva ante la vida, pero no me mal interpretes…positiva en el sentido de vivirla, con lo alegre y con lo que duele.

 

Siempre es un buen día para empezar…paso a paso…sin prisa…disfrutando de la experiencia…pues la “felicidad” no está en la meta, sino en el camino…y sólo depende de ti. ¿Te atreves?