Sentir emociones te hace human@, nuestra amígdala hace que podemos sentir. A diferencia de otros mamíferos, nosotros podemos racionalizar un poco lo que sentimos, y aunque eso nos hace ser más avanzados a nivel cerebral…también nos complica la vida (a veces).

Soy de las que piensan que tratar de controlar, manipular o cambiar nuestras emociones, no nos soluciona nada…más bien nos entorpece. Creo más en la posibilidad de aceptarlas, y desde ahí hacer pequeños cambios de dirección y acción.

Podemos partir de cuatro emociones primarias: El miedo, la rabia, la tristeza y la alegría. Cada una de ellas contiene otras de la misma familia…y digo esto porque al igual que tengo rasgos similares a mis familiares…las emociones también…pero cada una es la expresión de algo distinto que se manifiesta de forma única.

El miedo nace de nuestro instinto de supervivencia. Sentimos miedo cuando sentimos que algo no va a salir bien. El miedo provoca en mí varias respuestas (según la situación/persona a la que me enfrente). Puedo salir corriendo, atacar o paralizarme.

He descubierto que no puedo racionalizar con él…tan sólo sentirlo y darle la mano…como dándole las gracias por avisarme de un peligro y encargándome yo del asunto. Él me prepara y me activa…mi trabajo consiste en no dejar que me paralice, y transformarlo en la fuerza que me ayuda a tomar el control de la situación.

En la familia del miedo, podemos encontrar la incertidumbre, el estrés, la ansiedad, el terror y el pánico (muy majos todos ellos 😉 ).

La rabia emana cuando sobrepaso mis límites. El problema de la rabia es su “mal carácter”, cuando la expresamos mediante la violencia. Porque no nos engañemos…la violencia verbal y/o física, es totalmente innecesaria en nuestra vida cotidiana. Muchos desconocen su función adaptativa…es la rabia la que nos ayuda a marcar nuestros límites, a expresar nuestro enfado…es saludable hacerlo cuando aprendemos a gestionarla.

Sus primos hermanos son el rencor, el odio, el resentimiento…(éstos se ponen muy pesados amargándonos la vida…son de aquellos primos, que cuantos más lejos viven, mejor).

La tristeza aparece con la pérdida de todo lo que duele perder…un ser querido, la salud, un trabajo, la confianza, la libertad, etc. Al contrario de lo habitual yo apuesto por vivirla y permitirme expresarla…a mí me da salud. Escuchándome aprendí, que acompañar a una persona cuando está triste, sólo consiste en eso…ACOMPAÑAR. Porque la expresión de la tristeza SANA. Deja de ser saludable cuando la llevamos al extremo, cuando se convierte en oscuridad y nos atrapa durante meses y/o años.

Os animo a expresarla y darle valor. Cuando estés triste, en vez de salir corriendo a comprar, prueba a tomarte algo contigo mism@. Aceptar la emoción que viene a verte. Tiene algunas hermanas como la lástima, la pena y la depresión…personalmente nunca se que hacer con ellas cuando aparecen, como son bastante pegajosas, trato de no pasar mucho tiempo con ellas…la alegría ayuda 🙂

La alegría!! Llega cuando sentimos que todo va bien. Cuando amamos y nos sentimos amados, cuando conseguimos aquello por lo que luchamos, cuando disfrutamos de buenos momentos, de compartir, cuando nos sentimos libres… Ver el lado bueno de las cosas, confiar en la vida y en que todo saldrá bien…disfrutar del presente, sentirse satisfech@ con lo que hay. Es la emoción saludable por excelencia…la que ayuda a paliar enfermedades, la que hace más llevadero el tránsito por el resto de emociones…y al igual que el resto, también pasa. Porque no conoceríamos la alegría en su plenitud, si no pasáramos por todas las demás.

La revista Proceedings of the National Academy of Sciences, publicó un Mapa corporal de emociones, determinando que somos capaces de identificar las variaciones emocionales en distintas áreas de nuestra anatomía.

La mayoría de nuestras emociones, están asociadas a sensaciones que suponen cambios en nuestra respiración y ritmo cardíaco…por lo que las ubicamos siempre en la parte alta de nuestro tronco.

La Alegría nos recorre todo el cuerpo, haciéndonos sentir plen@s, y la tristeza nos provoca un vacío en el tórax. La ansiedad la concentramos en pecho y cabeza, manteniendo inactivos nuestras brazos…expresión de la sensación de presión en el pecho y no control, como sentirnos maniatad@s. Por el contrario, el enfado al igual que el amor, energetiza nuestros brazos, como si nos preparase para atacar o abrazar, dependiendo del caso.

Párate a sentir, atrévete a transitar por todas las emociones con aceptación…todas y cada una de ellas tienen algo que enseñarte…se trata de prestar atención a tu cuerpo y dejar de reprimir lo que sientes. Lo sé, es complicado…pero ¿qué no lo es? Sentir es saludable…como comer sano y hacer ejercicio…no caminan unos sin los otros.

Si quieres emprender un nuevo camino y sientes que no tienes las herramientas suficientes para transitar por las emociones que has aprendido a evitar, la terapia puede serte de ayuda. Pide cita sin compromiso y trabajaremos en ello hasta conseguirlo 😉

Además el próximo 2 de Junio, puedes asistir a un taller que hacemos en Samsara, donde trabajaremos con el mecanismo de defensa que nos enseñó a evitar sentir para sobrevivir. Si te animas, reserva tu plaza y acompáñanos en esta nueva aventura.