¿Cómo sanar una herida emocional?, ¿Cómo soltar el lastre y limpiarnos de esa mochila llena de rencor y/o culpa?

El primer paso es tomar conciencia de su existencia y reconocerlas. ¿Cuánto tiempo llevas enmascarándolas? Toma la firme decisión de querer dejar de hacerlo

Porque sí, si quieres puedes 😉

A veces siento tanto MIEDO, que tengo que tomar la decisión de seguir huyendo o dejarme acompañar por él. Siempre me repito a mi misma…Mai, al monstruo con amor…porque con espadas siempre tienes las de perder. Ábrele tu corazón al miedo…quizás descubres que detrás de él, tan sólo está tu niñ@ asustad@.

La consecuencia de no sanar nuestras heridas emocionales y seguir maquillándolas, nos puede llevar a que, ante cada nueva situación dolorosa, revivamos junto a la nueva, todo el dolor de las acumuladas.

¡Así que vamos a ponernos en modo limpieza! ¿Estás preparad@ para empezar a sacarle brillo a tu interior?

Empecemos 😉

 

Quita el polvo: Reconoce tu herida.

 

Para aceptarla, obsérvala cuidadosamente y entiende que tu imperfección te lleva a cometer errores…tan necesarios como tus aciertos.

No eres menos fuerte por reconocer tu vulnerabilidad. Ésta te completa, y mostrarla no es cosa de cobardes, sino de valientes. Montamos corazas alrededor de nuestro corazón y emociones, como instinto de supervivencia. Es cierto que nos ayudan a confrontar el dolor…pero una vez cumplida su función, no tienen porque quedarse…pues, esa muralla que construyes para alejarte del dolor…también te aleja del amor (no es de de quita y pon).

 

Deja de esconder la suciedad bajo la alfombra: Permítete el enfado.

 

Permítete enfadarte con quién te hirió y contigo mism@ por permitirlo. Siempre a partes iguales. Si no te das permiso, todo el rencor, la rabia, la ira, la frustración…caerán sobre tus espaldas y sobre las de l@s que te hirieron. ¿Que consigues con ello? Sólo hacer la herida más profunda…Permítete enfadarte y perdonarte.

Lo sé…no es fácil. Enfadarse (sacar el enfado a la luz), no es fácil. Nos invade la culpa. A veces es necesario dejar paso a esa culpa, pues sólo si reconozco mi enfado puedo perdonar. El no pasa nada...sólo esconde un mejor no le doy importancia…pero seamos sincer@s, LA TIENE. Lo que nos duele, es importante. Atrévete a validar tu verdad.

 

Sácale brillo a las ventanas: Paciencia, Compasión y Comprensión

 

Una vez has sacado tus heridas a la luz, les has dado espacio…puedes reconocerlas y empezar a sanarlas. Desde tu VERDAD, puedes mirarte desde el corazón…comprendiéndote…de forma más compasiva, con menos dosis de culpa.

Roma no se construyó en un día…sanar lleva su tiempo. Así que carga tu limpia cristales de PACIENCIA, y recuerda que, en cuanto puedas mirarte a ti mism@ desde ese lugar…también podrás hacerlo con los demás. No es algo innato, se aprende (como el hacer una tarta de manzana…no acaba siendo tan automático como montar en bici…pero cuanto más la haces, menos necesitas tener la receta en frente 😉 ).

Rebaja las expectativas auto impuestas, y también lo harán las que impones a los demás. Esperar que los demás cubran nuestras carencias, que nos hagan sentirnos complet@s…sólo nos lleva a eso…a ESPERAR. ¿Cuánto tiempo estás dispuest@ a esperar para vivir tu vida plenamente?

 

Pasa la fregona y mira tu reflejo: Acéptate.

 

Mírate de frente. Tus heridas permanecen en ti porque quieren enseñarte algo. Lograrás sanarlas cuando seas capaz de mirarte de forma honesta…aceptando que esa/ese que tan poco te gusta…también eres tu.

Sí, lo sé…nuestro EGO siempre está dispuesto a defenderse…y aún creyendo que nos ayuda, no hace más que complicarnos la vida (a veces). Tenemos miedo a mirar nuestra herida porque no queremos revivirla…pero al no hacerlo…la mantenemos en letargo, esperando al acecho para salir en cuanto puede. Eso sí que me da miedo.

 

Limpia las manchas de la pared: Quítate las MÁSCARAS.

 

Cuando te paras a mirarte de frente…empiezas a” verlas”…ese es el primer paso para deshacerte de ellas. Cuando las observas atentamente…sin juzgarte ni criticarte…puedes ver cuál es la herida que se esconde detrás de cada una. Y desde ahí…empiezas a sanarlas.

¿Cómo hacerlo? Dándote cuenta de para qué la has estado usando. Cuando sabes el motivo, puedes poner conciencia y darte cuenta que, posiblemente, HOY ya no te sirve.