Si me hubierais preguntado ¿qué quieres ser de mayor? cuando tan sólo tenía 7 años…mi respuesta hubiera sido MAMÁ.

A los 30, tenía la sensación de haber estado preparándome para ese trabajo toda mi vida…las circunstancias no me habían dejado realizarme en ese aspecto todavía, pero seguía convencida de que el día llegaría tarde o temprano…pocas cosas había tenido tan claras como que quería ser madre. De hecho, llegué a pensar que si no encontraba a la persona indicada para compartir y crear esa experiencia, estaba preparada para hacerlo sola.

A veces, no por mucho desear, sucede lo que uno quiere…suelo pensar que “el que la sigue la consigue”, pero en ocasiones las cosas tardan más en llegar de lo que uno esperaba. Tenía tan claro cuál quería que fuese mi plan de vida, que no me había parado a pensar en la posibilidad de tener que buscar un plan B. Pero sí…es importante tener en cuenta que el abecedario tiene muchas más letras.

Y cuando tienes que cambiar de plan, reinventarte y escribir uno nuevo…salir de tu zona de confort y arriesgarte a improvisar…todo lo que hay dentro de ti puede moverse a la vez. Pasas por el duelo de la renuncia a lo que deseabas, por la frustración, por el “fracaso”, por la tristeza, por el miedo, por la soledad…hasta que descubres que NO PASA NADA. Dede aquel día, soy fan de la cara B de todas las historias.

Yo necesité ayuda para pasar por toda esa revolución, y la necesidad y la curiosidad me llevaron hasta la Terapia Gestalt. Abrí la caja de los truenos y descubrí que tanto ellos como yo estamos mejor sin la compañía del otro. Descubrí que gran parte de lo que era, no lo había escrito yo. Aprendí que mi subconsciente había almacenado programas que había adquirido desde muy temprana edad. Comportamientos, reglas, prohibiciones, creencias inamovibles…todos ellos me estaban privando de libertad…libertad de expresarme de forma genuina, pues llevamos una mochila repleta de cosas que no nos pertenecen y que nos hace el camino pesado, a veces incomprensible, a veces aterrador.

Todos esos programas los heredamos de nuestros padres, familiares, amigos, colegio, sociedad,…patrones que al crecer van dando forma a nuestra propia realidad. Unos nos limitan, otros nos ayudan a sobrevivir.

Y esa mochila que cargamos, cada vez pesa más.

Nos toca enfrentarnos a situaciones que nos hacen dudar…¿todo lo que llevo en esta mochila es mío?, ¿en realidad esta es mi forma de pensar?, ¿quién soy realmente? Y ahí empiezan las batallas de la adolescencia que muchos padres no entienden o no saben como lidiar. La pubertad nos encamina a la necesidad de la auto independencia, de la búsqueda de nuestro propio auto concepto (quién quiero ser y quién soy en realidad)… nos vamos de casa, buscando el desapego de nuestros padres…y ahí empieza la guerra real.

Nosotros, aún niños, enfrentándonos a la vida SOLOS. Nadie te habla de esa soledad. Y es entonces cuando te das cuenta de que, el peor enemigo que jamás has tenido, eres tu. ¿Y ahora que hago? ¿Sigo viviendo bajo el esquema que otros han escrito por mi, que me proporciona seguridad, pues el camino parece estar escrito?, ¿o me miro y trato de conocer quién soy y quién quiero ser?

Todos tenemos la posibilidad de aprender a cambiar, reescribir y crear nuestros propios programas, convirtiéndonos así en co-creadores de nuestra propia vida.

Está claro que seguiremos teniendo un “botón automático” que se accionará ante nuestros pensamientos y hábitos…llevamos mucho tiempo reaccionando del mismo modo (lo de “Roma no se hizo en un día” me viene como anillo al dedo), pero se puede…siempre se puede.

Cuando vivimos en el presente, Aquí y Ahora, prestando atención plena a lo que estamos haciendo, es nuestra parte consciente la que tiene el control. Desde ahí podemos empezar a cambiar los patrones subconscientes que aparecen de forma automática y que ya sabemos que no nos pertenecen. Cuando abandonamos nuestra atención plena y se dispersa nuestra mente, volvemos al modo “robot” que nos lleva a vivir la vida sin vivirla.

Durante muchos años, hemos aprendido cuándo está bien reír o llorar, cómo debemos ganarnos la vida, cómo está bien visto expresar el amor,…y se ha convertido en nuestra versión automática de ver la realidad, nuestra forma superficial de vivir. En esa soledad de la quién nadie habla, algunos descubrimos que nuestra vida no deja de ser una copia, un “remake”, un “lo que me hubiera gustado” de otras personas.

Y la gran Guerra, empezamos a ganarla, cuando poco a poco, vamos venciendo a nuestro subconsciente…poniéndole límites, bloqueando su propósito, luchando por lo que queremos, manteniéndolo a raya…por mucho que escuchemos el “no puedes” o el “no va a suceder”.

Debes la Terapia Gestalt, la Programación Neuro-lingüística (PNL), el Mindfulness y otras terapias estratégicas, os invito a reprogramar vuestro subconsciente y empezar a vivir de forma plena y consciente vuestra vida. Todo es empezar 🙂

Una forma de cambiar esa versión automática de ti mismo, y reprogramar tu subconsciente, es empezar a poner en práctica nuevos pensamientos:

  • Innova en tus acciones (si usar el mismo método siempre te lleva a lo que no quieres, cambia de método).
  • Ábrete a tus sentimientos (dales voz, deja de esconderlos).
  • Practica cada día, de menos a más (si vas a hacerte runner, no empieces corriendo 5 km, prueba de empezar a andar de forma consciente).
  • Hazlo como si estuvieras aprendiendo una nueva habilidad; como cuando estudias para un examen o tratas de memorizar una canción en inglés… aunque esos pensamientos nuevos sean muy distintos de los que ya tienes aprendidos, la repetición te ayudará a convertirlos en un hábito, y tu modo “robot” cada día se parecerá más a ti.

No olvides que para poder darle control a tu consciente y ponerle límites a tu subconsciente, la atención tiene que ser plena, conectada con lo que realmente quieres. No sólo se trata de una repetición, es la emoción que ésta crea en ti.

Vivir Aquí y Ahora. estar completamente presente. Como cuando un niño hace castillos de arena o un futbolista está en el punto de penalti preparándose para marcar. Cuando estás completamente aquí, viviendo este momento, poniendo atención a lo que estás haciendo, estás creando y reescribiéndo tu vida. Puedes entrenar ese músculo llamado cerebro y hacerte dueñ@ de lo que es tuyo, tu vida.

Acomodada ya en mi plan B, me di de morros con mi plan A (aún no hay día en que la vida no me sorprenda!). Así que cuando a mis 35 me quedé embarazada entré en pánico y me pregunté…¿y ahora, sabiendo todo lo que sé, cómo lo hago?, ¿cómo consigo evitarle todo este “trabajo” a mi hijo?

Sinceramente, sigo entrenando cada día mi atención plena para no traspasarle las piedras que aún quedan en mi mochila. Lo que si sé, es que le hablaré de esa soledad de la quién nadie habla, y trataré de acompañarle en el camino permitiéndole batallar su propia guerra…pues me doy cuenta de que “mi” hijo no es mío… su vida, desde que nació, le pertenece únicamente a él…y será él quién decida cómo vivirla.