Este fin de semana hemos impartido un taller en Samsara sobre la Escucha. Mientras trataba de explicar que una comunicación honesta con nosotros mismos es primordial para que nos comuniquemos honestamente con el otro, me di cuenta de que las personas tenemos un deseo natural de sentirnos conectados emocionalmente con los demás. Y que desde ahí, nos relacionamos, intercambiamos vivencias, y se dan las interpretaciones. Todas aquellas posibles, pues cada persona tiene su propia realidad y su forma de ver el mundo, por lo que puede llevarla a tener múltiples realidades, tantas como personas con las que se relacione. Desde ese prisma es fácil entender que sucedan tantos malentendidos.

Aprendí que, por mucho que intentemos remarcar lo obvio en una conversación, observar y escuchar sólo aquello que es perceptible a los ojos y los oídos…nuestra mente es poderosa. Nos da las herramientas necesarias para creernos con la capacidad de leer en la mirada del otro, dando por hecho cosas que, a veces si no confirmamos con el otro, suelen no ser ciertas. Creemos de impulso que nuestra realidad es lo real, pues es la nuestra, pero no nos engañemos…cada persona tiene su verdad, y es tan válida como la tuya. De ahí la importancia de Escuchar antes de hablar, de preguntar antes de interpretar.

No crees una película propia de lo que le sucede al otro sin al menos haberle dejado explicar la suya propia hasta el final. Si vas a hacer una interpretación de lo escuchado, concédele el beneficio de la duda…no te olvides de que se trata de su historia, no de la tuya (quizás se parece, pero jamás será igual).

La distancia más larga entre dos personas puede ser un malentendido. Yo misma me he pasado años tratando de explicarme ante mis padres, mis amigos, mi pareja…y me he dado cuenta de que por mucho que me explique, ellos jamás verán las cosas como yo las veo, sencillamente porque son otras personas y lo mirarán siempre desde otro lugar.

No me arrepiento de haber tratado de reafirmar mis sentimientos, opiniones y creencias, pero he entendido que a veces, para favorecer un buen entendimiento, es bueno para mí no dejar que mis emociones me avasallen de forma desmedida…pues sólo me conducen a la frustración. Ahora comprendo que no es necesario que todos ellos me entiendan y validen lo que creo, es suficiente para mi con hacerlo yo.

Ponerse en la piel del otro, tratar de ver la cosas como el otro las ve…no es una utopía, pero supone un esfuerzo que no todo el mundo quiere correr. Por lo tanto, he decidido que, es importante hacerme responsable de lo que digo, pero no voy a cargar con lo que los demás entiendan, pues las interpretaciones de lo que digo no corren de mi cuenta, sino de la cuenta de quien las dice.

En un mundo en el que todo va deprisa, dónde parece que no haya tiempo ni para escucharnos a nosotros mismos…yo necesito parar, detenerme, y Escuchar. Escucharme a mí, para así poder empezar a escuchar al otro. Saber qué me pasa y cómo me pasa, con lo que el otro me dice. Pararme en esa escucha a diferenciar lo que es mío y lo que proviene del mundo del otro.

Aprender a masticar lo que me dicen antes de tragar, para así saber qué es importante para mí (aquello que me ayudará a ser la mejor versión de mi misma) y qué es aquello que puedo dejar pasar…de un oído a otro, sin que deje huella en el camino.

Gracias a Samsara, a las valientes que se animaron a abrir una nueva ventana a la conciencia, y a Miquel Gabriel por su entrega. Escucharos me llenó el corazón de ternura y fuerza, y desde este Aquí y Ahora…mi Escucha es más honesta conmigo, y con el mundo.