¿No os ha pasado nunca eso de tener una conversación con tu media naranja y, por momentos, desear hacer con ella un zumo?

Son muchos los factores que hacen que a menudo entremos en “bucle”. El cansancio, las tareas del hogar, los hijos y sus quehaceres, el poco tiempo para nosotros, expectativas no cumplidas, deseos no concedidos…y todas esas pequeñas cosas que acaban por alejarnos de lo que una vez fuimos.

Pero no todo está perdido…como bien dice el dicho “donde hubo llamas, cenizas quedan”, sólo hay que aprender a avivarlas.

Y es que, muchas cosas de las que no nos gustan del otro, son aquellas que no apreciamos de nosotros mismos.

¿Te has preguntado alguna vez que pasaría si, en vez de usar todas tus energías por cambiar al que te acompaña, las usaras para cambiar/transformar lo que depende de ti para que la situación mejore?

Ese es el primer paso…mírate…descubre qué es exactamente lo que no te gusta o no te está permitiendo ser feliz…¿puedes reconocer algo de ello en ti?

Pasamos tanto tiempo hablando de lo que nos gustaría que fuese de otra manera, que nos olvidamos de todo aquello que si nos gusta…siempre queremos más y mejor…nunca es suficiente.

Sólo cuando aprendemos a mirarnos y a reconocer nuestras carencias, estamos dispuestos a VER y a ACEPTAR al otro tal y cómo es. Y en el momento en el que nos damos cuenta de que querer cambiarlo para nuestro beneficio es el mayor error, ya estamos avivando la llama.

Si las peleas se han convertido en algo cotidiano, y todas empiezan por hablar de como estamos, dejad de hablar sobre la relación…daros un respiro. En estos tiempos en los que están tan de moda las conversaciones profundas, dedicamos más tiempo a debatir sobre cómo va nuestra relación, que a sentirla. La verborrea se apodera de nosotros y nos olvidamos de lo importante que es el “piel con piel”. Dejaros sentir…a ver que pasa.

El otro día estuve en el teatro viendo “Los hombre son de Marte y las mujeres de Venus”…y tengo que reconocer que, entre risas, Jordi Díaz me mostró cosas que ya sabía, pero que mis ojos no sabían/querían ver. Las mujeres y los hombres, somos física y emocionalmente distintos…pero como en todo en esta vida…pretendemos que el otro piense y reaccione cómo nosotros lo haríamos.

Es más sencillo entender que venimos de planetas distintos, donde las necesidades físicas y emocionales son distintas…por decirlo de algún modo…hablamos idiomas distintos…de ahí que muchas veces la comunicación no fluya. Y lo más curioso de todo es que…no es que hablemos dos idiomas distintos, sino que somos bilingües. Se puede aprender…si hay amor, “aprender inglés” es mucho más fácil.

Así que saqué mi propia analogía entre las relaciones y el idioma…para entender cuál es la diferencia entre querer entender al otro viéndole/aceptándole tal y como es, o querer entenderlo sólo desde donde nos es más fácil hacerlo.

Cuando era pequeña, mis padres me apuntaron a clases de inglés; querían que en el futuro tuviera más herramientas para labrarme una buena vida, y el inglés era imprescindible. Entender que por aquél entonces, teníamos una clase de inglés a la semana y a partir de sexto de EGB.

Así que iba a clases particulares tres veces por semana…un tostón!! Le cogí manía…estudiaba, estudiaba y no entendía nada…seguramente porque se me daba fatal (o eso era los que yo creía). Cómo ya había asumido que para mí era imposible entenderlo, lo más fácil era tirar la toalla.

Lo estudié en la universidad como créditos de libre elección, esperando que la “madurez” me ayudase a cambiar nuestra relación…pero nada.

Hasta que un día, me atreví a hacer las maletas e ir a estudiarlo a Australia. Si si…AUSTRALIA.

Aquel viaje no sólo cambió mi vida, sino que hizo que me “enamorara” del inglés (el idioma 😉 ). Aprendí a quererlo desde su hábitat natural, hablándolo con su gente, escuchándolo con atención real, relacionándome con él desde su esencia, derribando mis barreras, entendiendo la utilidad de sus conjugaciones para comunicarme, viviendo su cultura, viéndole y aceptándole tal y como era…sin querer amoldarlo a mi propio idioma….

Desde entonces, nuestra relación es fluida, fácil, sencilla. Porque las playas, el sol, hacer nuevos amigos y que se conviertan en tu pequeña familia multirracial, conocer lugares distintos a los tuyos, los nuevos gustos y sabores…el AMOR al fin y al cabo…lo hace todo más fácil.

Así que si sientes que tu pareja y tu no habláis el mismo idioma…recuerda que…si hay amor…todo se puede.

No tires la toalla…siempre os quedará AUSTRALIA 🙂