Ansiedad…¿qué te dice esta palabra?

A mí me da pereza, agobio y ansiedad (valga la redundancia). Me consta que, cómo en mi caso, A (ansiedad) sigue siendo una de las asignaturas pendientes para la mayoría de los seres vivos; sí, empiezo a creer que hasta las plantas la padecen…mi perro la sufre a diario.

Nuevos hábitos de alimentación, hacer deporte para sentirse bien, disfrutar de la naturaleza y el aire libre…vamos alejándonos cada vez más del estigma de la operación bikini o las cremas paliativas para las arrugas de la felicidad. Parece que empezamos a cuidarnos desde otra perspectiva pero…¿Y tus emociones?, ¿qué estás haciendo con ellas?, ¿las atiendes?, ¿les das espacio?

Es decir…sí, has empezado a cuidarte, pero ¿estás escuchando a tu cuerpo?, ¿sabes poner conciencia a lo que necesitas? Porque aunque nos esforzamos a diario por mejorar nuestro bienestar físico, aún andamos lejos de hacerlo por nuestra gestión emocional. A nace ahí, en la falta de herramientas útiles para auto-gestionarnos emocionalmente.

Son muchos los factores que pueden influir en la generalización y expansión de A en mí.

LA IMPACIENCIA. Lo quiero todo ya…resolverlo todo ya…aclararlo todo ya…la incertidumbre despierta a A en mí, y no vuelve a desaparecer hasta que consigo lo que quiero. Esforzarme…aún cuando no tengo ganas de seguir y he dejado de creer en mí…chocarme con la frustración y sentirla cómo injusta. Y aparece mi insatisfacción vital, arrollando con todo lo bueno y maravilloso que hay en mi vida, inundándola de miedo, malestar…y mucha A. Suelo repetirme que las cosas, los proyectos, las relaciones, las dolencias…necesitan su tiempo para avanzar…y aún así no consigo que mi ansiedad desvanezca.
Y es que otro de los factores que engrandecen a A en mí, es mi propio diálogo mental.

DIÁLOGO MENTAL. Mi juez, mi perro de arriba, mi Pepito grillo castigador…el que tiene el látigo preparado para cuando no cumplo las expectativas, cuando me equivoco y tropiezo. Ese que me dice incesante: “todo lo haces mal”, “no te esfuerzas lo suficiente”, “no vales para esto”, “esto te viene grande”…(me da la risa sólo de pensar que ese juez…soy yo).

EL MIEDO. La presencia de amenaza activa mi ansiedad. Es mi mecanismo de defensa ante la supervivencia. La sensación de ahogo, vacío…sentir cómo se encoge y cierra mi estómago, cómo se acelera mi respiración o simplemente desaparece…todo ello me anticipa a un peligro ideado y magnificado por mi mente, con la falsa creencia de que así, puedo evitarlo. Mantengo mi estado de alerta máxima en activo hasta que me convenzo de que la amenaza ha pasado…sin comer, sin respirar, sin a penas pestañear…agotador.

LA ANTICIPACIÓN. Lo que viene a ser “construir la casa por el tejado”, “querer ir más rápido de lo que sostengo”, “futurizar para tratar de controlar la situación antes de que acontezca. Preocupada constantemente por lo que está por venir…desconectando y desensibilizándome de mi Aquí y Ahora…de mi presente. Participando en una carrera de fondo en la que sólo importa la meta, sin disfrutar del camino. La casa que voy a tener, el coche que voy a conducir, el trabajo que me dará estabilidad, las vacaciones del próximo año…todo aquello que no está sucediendo AHORA y que parece más relevante que este momento. ¡Error!

¿Tiene todo esto solución? Por supuesto que sí. No será de hoy para mañana, es un trabajo diario…y se consigue.

El primer paso consiste en parar…sentir…darle espacio a A y escuchar lo que tiene que decir. Desde el contacto contigo, atender cuáles son tus síntomas y cómo es aquello que les da la señal de alarma. No se trata de preguntarte ¿por qué tengo ansiedad?, es más un ¿cómo es mi ansiedad?. La respuesta a esta última pregunta, te dará información más útil para tu bienestar y gestión emocional que la primera.

El segundo paso es atreverte a sostenerla. Da miedo, la mayor parte de las veces, esa sensación de pérdida de control corporal y mental me paraliza. Si me aventuro a sostenerla, a traspasarla con o sin miedo, se desvanece. Y cada vez que lo intento, el paso al “otro lado”, al estar bien, llega antes.

Las reacciones que se producen en nuestro cuerpo durante los estados de estrés y ansiedad funcionan sólo de forma temporal. 

Sostener A durante mucho tiempo, de forma generalizada, sin tratarla, sin buscar ayuda para aprender a gestionarla, puede ser perjudicial, tanto que puede afectar a nuestro sistema inmunológico, cardiovascular y digestivo.

Desde mi punto de vista, tanto personal como profesional, es imprescindible tener tu propia tribu. A suele no ser correspondida a nivel familiar, es difícil comprender a alguien que padece A, sin haberla sentido por dentro. Las terapias grupales ofrecen un espacio sanador, donde poder compartir experiencias, técnicas de superación y vivencias vitales. El apoyo se vuelve indispensable.

Si te interesa aprender herramientas para gestionar tu Ansiedad…si te apetece empezar a formar parte de un grupo de apoyo dónde encontrar un lugar donde poder expresar tus angustias y emociones sin juicio…te ofrezco una OPORTUNIDAD.

Un taller gratuito en Gestalt Calella, el próximo 17 de Mayo a las 19:30h. Atrévete a dar una paso hacia adelante y darle a A dónde más le duele 😉

Inscríbete en:

hola@gestaltcalella.com

Será un placer acompañarte 🙂