¿Cómo podría quererte de forma sincera sin amarme primero a mi misma?

Hoy me he dado cuenta, que cuando enfocamos toda nuestra atención en el otro, dejamos de prestarnos atención a nosotros mismos…y eso no deja de ser un abandono…hacia los dos…pues si no te miras a ti, tampoco podrás ver al otro en su totalidad. Querer, amar de forma madura, pasa por una entrega libre y auténtica…no como un acto de fe en el que ese amor apagará nuestra soledad o eliminará nuestras carencias.

El amor a primera vista…el amor ciego…todos podemos tropezar con relaciones de apego intensas, insanas y asfixiantes. Por eso es responsabilidad nuestra darnos cuenta de cuándo nos despersonalizamos…cuándo nuestro auto concepto y nuestra autoestima empiezan a dañarse y despedazarse…para poder parar y mirarnos a nosotros mismos.

Crecemos creyendo que el amor apasionado, desmedido, ciego…es el único que vale…ese amor de todo o nada…ese amor lleno de tempestades y reconciliaciones infinitas…y olvidamos que ese tipo de amor habitualmente nos lleva a decepciones, tragicomedias y dolor…porque yo me pregunto ¿si fundo mi corazón con otro…si le doy mi aliento al otro para que respire…si espero que sea otro el que me rescate de mis miedos…dónde quedo yo?

Habitualmente, las relaciones basadas en el apego afectivo, no son sanas. Parecen tener el poder de borrar, desmembrar u ocultar, nuestra autoestima, nuestro auto concepto y el respeto hacia nosotros mismos. Sumergidos en relaciones así, no somos capaces de ver las cosas con claridad…

¿Os suena el “¿pero cómo no lo ves?” o el “¿Cómo no me había dado cuenta antes?” que tanto sabe tu entorno e incluso tú mism@ cuando sales de ellas? No importa que otros nos pongan en pre-aviso, o que nos digan que nos comportamos de un modo que no reconocen…NO LO VEMOS…el APEGO TÓXICO no nos deja ver…sólo sabemos que necesitamos de esa droga afectiva para curar a nuestro corazón, grande y lastimado, a pesar de que los efectos secundarios de ésta puedan dañar nuestra alma.

Me pesa el alma…me duele el alma…tengo el alma cansada…decía yo.

¿Cómo aprender a no apegarnos a ese “apego tóxico” (valga la redundancia)?

Amando por encima de los miedos, invirtiendo en nuestro propio crecimiento personal, madurando así emocionalmente y dejando de aferrarnos a nuestro hábito de búsqueda de apegos para cubrir nuestras carencias emocionales. Nutriendo nosotros mismos nuestra soledad.

Cuando sólo miramos al otro, acabamos por perder toda perspectiva.

Si nos enfocamos sólo en el otro y éste se convierte en nuestro centro, desviándonos de las cosas que nos completan, inevitablemente dejamos de ser nuestro YO más auténtico, para convertirnos en un sucedáneo de lo que éramos cuando nos encontramos por primera vez. Es ahí cuando sentimos que nuestra pareja no es realmente AHORA de quién nos enamoramos…si nos mirásemos nos daríamos cuenta de que nosotros tampoco lo somos.

Lo “sano” es poder caminar juntos…con un proyecto de vida similar…pero sin olvidarnos que nuestros amigos, familiares, hobbies, gustos…incluso nuestros momentos de soledad, son importantes para definirnos cómo un TODO…que sin todo ello, nos perdemos en el otro, y dejamos de ser.

Por eso creo que es importante tener una buena conciencia de pareja. Y no se trata de algo que suceda por si sólo, hay que trabajar en ello. Y convertirlo en un trabajo de los que no te importa madrugar, cómo cuando uno trabaja de lo que le gusta…aquél tipo de trabajo que te realiza de tal forma que serías capaz de hacerlo sin cobrar 🙂

¿Cómo hacerlo?

Cocinando un guiso muy especial 🙂

La comunicación en este punto es esencial.

Empatía (practicando la capacidad de ponernos en el lugar del otro), escucha activa (no sólo vale con oír lo que el otro dice, es importante saber escuchar, a éste y a nosotros mismos), y tratar de ser lo más asertivos posible. Es normal que en ocasiones nos pongamos a la defensiva…de ahí lo relevante a no dar cobijo a los egoísmos y los chantajes emocionales. Inconscientemente manipulamos al otro para conseguir lo que queremos…sobra decir que es más fácil expresar lo que uno quiere o necesita a esperar que el otro lo adivine…pero para poder expresarlo…es NECESARIO saberlo. ¿Qué es lo que quieres realmente?

Que el dar y recibir sea correspondido. 

Aunque suene a locura, a la mayoría nos cuesta más recibir que dar…y amar no sólo consiste en dar, sino también en saber recibir. Cuando estás acostumbrad@ sólo a dar y encuentras a alguien que también quiere dar…la falta de costumbre (como fue mi caso), te puede llevar a boicotearte (por aquello que decía al principio de que estamos acostumbrados a la tragicomedia y a que si el amor no duele, es porque no es amor).

Si tienes suerte (como tuve yo) y la persona que tienes enfrente te da una “bofetada de realidad” y te enseña que amar también consiste en saber recibir…puede que la relación siga para adelante…si ese no es el caso…mejor practicar antes de que llegue de nuevo el momento y paralizar el boicoteo a tiempo. Pues en ocasiones nos perdemos a GRANDES personas por miedo…recibir puede dar mucho MIEDO.

Da miedo porque el acto de recibir nos lleva, en cierto modo, a sentirnos y mostrarnos vulnerables. No deja de ser un aceptar que el otro nos cuide, nos de apoyo, nos sostenga…y algunos llevamos mucho tiempo transportando  un muro infranqueable, del que somos los superhéroes, y al que estamos muy acostumbrados a tener que defender…y SOLOS.

Todo ello significa trabajar nuestra confianza en el otro, nuestra confianza en nosotros, aprender a escucharnos y respetarnos…un trabajo que nos saca de nuestra zona de confort, que nos empuja a abrimos…y ya no sólo está en juego lo que no queremos enseñar, sino también lo que nosotros mismos no queremos ver.

No es fácil…lo sé…pero una vez te atreves a transitar por esa línea sin saber a ciencia cierta que habrá colchoneta debajo…puedes dejarte caer de espaldas sin duda alguna de que que el otro te cogerá…y si te caes…eres lo suficientemente fuerte como para levantarte solo. Con algún rasguño si…pero más fuerte que antes, pues ahora ya le viste la cara al miedo…y no era tan feo como creíste.

La última, pero no por ello menos importante premisa es, el compromiso.

Pero no sólo hablo del compromiso que adquirimos con la otra persona, sino el que es importante que adquiramos con nosotros mismos. Es esencial que cuidemos nuestro bienestar psicológico, nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo. Sólo cuando estemos realmente comprometidos con nosotros mismos, podremos hacerlo de forma “sana” con el otro.

Y con todo esto ya podríamos empezar el guiso…una buena ración de COMUNICACIÓN, CORRESPONDENCIA y COMPROMISO, salpimentadas con sentido del humor (le da sabor a la vida 😉 ), respeto mutuo (le resta el punto amargo), libertad (ese toque dulce que lo convierte en especial)…y a fuego lento…que se cocine de a poquito…sin prisas…convirtiéndolo así en un guiso de fácil digestión, de aquellos que no sientan pesados…el típico plato que podrías estar comiendo toda tu vida sin llegar nunca a aborrecerlo 🙂

Mi chico de la bici…ahora ya conocido como mi marido…me enseñó a cocinarlo. Ahora, después de un bebo hermoso, estamos aprendiendo a cocinar juntos. Y no siempre es fácil…a veces nos sale tan pesado, que dan ganas de no volverlo a comer. Pero es algo así cómo cuando sales con las amig@s y al día siguiente te dices a ti mism@… NO VUELVO A BEBER EN LA VIDA…pensando para tus adentros …NO TE LO CREES NI TU 🙂 🙂 🙂

Así que estamos aprendiendo…a cocinar a fuego lento…a darle sabor a la vida…conservando esos ingredientes que lo hacen único para nosotros…y entre ellos está nuestro YO más auténtico…porque aunque no éramos tóxicos, nos convertimos en ello con el tiempo…

Lo extraordinario de las cosas, de la vida…del AMOR, es que, cuando un plato realmente te gusta…haces lo posible, lo trabajas lo necesario, como para poder degustarlo de nuevo…cada vez con un nuevo sabor, con una nueva textura…convirtiéndolo, día a día, en tu plato favorito